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JMJ en Cracovia: un viaje hacia la historia de Europa

El 23 de Julio pasado disfrutábamos en Madrid de una barbacoa de preparación del gran viaje que estábamos a punto de iniciar: al día siguiente, después de la Misa, salimos 180 jóvenes universitarios hacia Cracovia donde nos esperaba el Papa Francisco. En nuestra peregrinación pasamos por las grandes ciudades de Europa, y de cada una nos llevamos lo mejor.foto1

El primer destino fue Paris. Esa noche, tras pasar la tarde en Bayona, dormimos en el autobús; no hubo ningún percance, excepto los ronquidos de algún viajero... En la capital francesa pudimos ver sitios emblemáticos como los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo o el Museo del Louvre. En este último nos reímos bastante esquivando a los guardias para la obligada foto junto a la pirámide de cristal... De camino a la Torre Eiffel empezó a llover, y a algunos les pilló subiendo sus miles de escalones. Pudimos rezar en la Medalla Milagrosa de la Rue du Bac y, al día siguiente, en Sacre Coeur.

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De París fuimos a Praga, ciudad que, a otra escala, también nos impresionó mucho. De hecho, en la encuesta final acerca de la mejor ciudad visitada Praga quedó en segunda posición. Paseamos por su centro histórico y nos fotografiamos junto a la Torre de la Pólvora y el "reloj viviente" de la Plaza Vieja; cruzamos el puente Carlos con discretos cánticos de todo tipo... Además, en ese camino nos encontramos a miles de peregrinos que viajaban también a Cracovia desde Brasil, España, Estados Unidos e Italia.

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Y por fin llegamos a Cracovia, donde el Papa nos esperaba en el Vía Crucis. Fue un espectáculo ver a miles y miles de jóvenes arrodillados contemplando cada estación y su correspondiente obra de misericordia. Algunos conseguimos visitar la extraordinaria Plaza del Mercado, la plaza medieval más grande de Europa.

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Al volver a nuestros alojamientos, unas cabañas enfrente de un lago en un pueblo del oeste de Cracovia, nos recibieron unos padres de un colegio de Madrid que habían viajado a Cracovia: ¡nos habían preparado tres inmensas paellas! Todo un detalle, que nos ayudó a reponer fuerzas y a preparar lo que vendría después.

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La mañana de la Vigilia coincidimos en misa con unos peregrinos polacos; se palpaba la universalidad de la JMJ, ya que la misa fue en tres idiomas: latín, polaco y español. El coro de Montalbán realizó una brillante intervención, elogiada por los amigos polacos.

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Por fin llegamos al Campus Misericordiae después de andar 6 kms y habernos quedado sin voz tras cantar y cantar; llegamos a tararear el himno español y a improvisar una corrida de toros para amenizar las larguísimas esperas. Animamos a otros grupos para que cantaran sus respectivos himnos: escuchamos el francés, el italiano, el rumano, el polaco y el húngaro. Fue entrañable.

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Esa noche tuvimos bendición y el papa nos dijo que la verdadera JMJ de la vida ordinaria la continúa cada uno en su casa de origen. También nos animó a levantarnos del sofá, ponernos las zapatillas y salir a la calle.

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Es verdad que dormimos poco: no había habitación individual ni doble sino una sola para 1,5 millones de peregrinos... Por nuestra parte, continuamos la Vigilia con una sencilla hoguera a cuyo fuego seguimos a la guitarra. Algunos paseamos por el Campus, que era una verdadera fiesta, saludando a viejos amigos y entablando conversaciones con jóvenes de todos los países.

Al día siguiente, asistimos a la Santa Misa allí con el Papa y algunos pudimos verle de cerca en el Papamóvil, algo que nos ayudó a rezar por él, como veníamos haciendo todos los días anteriores. A la tarde nos subimos al autobús de camino a Viena, donde hicimos noche: Viena es otra gran capital europea que recorrimos con detalle, entre palacios, iglesias y hermosos paseos.

La última parada de nuestra JMJ europea fue Venecia. Disfrutamos un día de sol espléndido que nos permitió recorrer el Gran Canal, apreciar los mosaicos dorados de la catedral o fotografiarnos junto a puentes y canales. Cruzamos también la Puerta Santa de la catedral. La ciudad italiana ganó la encuesta final sobre la mejor ciudad...

Por fin tras algunas horas de autobús y 12 días de convivencia llegamos a Madrid; en total hicimos 5500 kms rodeando los Alpes: toda una aventura junto al Papa que ha sido también un viaje por la historia de Europa.