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Ópera, música, literatura: tres reflexiones sobre arte y belleza

–“¿Ópera?... Perdona, pero tengo mejores cosas que hacer”.

No es raro toparse con cierto escepticismo al proponer actividades de este tipo (muchas veces en forma de resoplido). En las “Las óperas de Montalbán” lo sabemos y sin embargo hemos optado por perseverar todos los viernes a última hora de la tarde: en los últimos meses hemos visto y escuchado un buen número de óperas.

Para afianzar nuestra posición, recogemos algunas orientaciones de expertos asesores en música sobre qué aporta el arte (y, en concreto, la ópera) al universitario medio.

“Entre conocerlo y no conocerlo hay una total diferencia –nos dice el filólogo y poeta Luis Ramoneda–. Quizá no hay mejor modo de comprender la tradición de la que dependes, pues en las obras de arte “escuchas” lo que otros han pensado y han sabido expresar con belleza, que es reflejo de la Belleza con mayúsculas”.

A propósito de la capacidad de conmover que tienen la literatura y la música dice que “las obras cumbre de la literatura (por ejemplo: Antígona, las obras de Shakespeare, etc.) plantean temas de fondo que siempre enriquecen e interpelan. En la música ocurre igual: es difícil escuchar a Bach o a Beethoven y que no nos sugieran nada”.

El Dr. Ramoneda quiso darnos también un consejo para estos años universitarios: “Conviene perder el miedo a lo que cuesta o parece difícil. El que se acerca a las obras de arte –también a las grandes óperas– tiene un buen antídoto contra lo malo del mundo en que vivimos: la banalidad, el utilitarismo, la superficialidad ruidosa que no ayuda a educar la sensibilidad”.

Antonio González, historiador del arte, responde con un enfoque pragmático a la pregunta sobre el acceso al a belleza: “hay una razón práctica: una vez cubiertas las necesidades materiales, el hombre siente la necesidad de cubrir las del espíritu y, entre ellas, están las que hacen referencia a la cultura. Por motivos sociales o profesionales, nos podemos ver obligados a mantener una conversación o trato con personas de cierto nivel cultural y es difícil estar a la altura sin un bagaje previo (…) Hay personas que incluso hacen cursos para llenar esas lagunas.”

Al hilo de las opiniones del Dr. Ramoneda plantea una interesante reflexión: “el arte, la música, la ópera, ofrecen soluciones que nos permiten escarmentar en cabeza ajena. Su lenguaje, además, facilita el desarrollo de los sentimientos. La misión del artista es traducir el mundo que le rodea y, con su esfuerzo, ofrece un nuevo acceso a la realidad”.

Desde su perspectiva de historiador señala que “es muy interesante ver la trascendencia que han tenido en la historia ciertas óperas y su papel casi profético: la sublevación de los belgas en el siglo XIX no se entiende sin “La muda de Portici” (Auber), Verdi tuvo gran repercusión en todo el “risorgimento” italiano y Wagner –de alguna manera– es un catalizador de la filosofía de Nietzsche y de sus implicaciones políticas en el s. XX”. Resalta también que el arte facilita el acceso a la visión del mundo de otras épocas: “La ópera también te muestra la manera de pensar de otras épocas. Por ejemplo: Bizet no estuvo en España, pero a partir de la imagen que le trasmitieron algunos amigos que visitaron Andalucía, pudo componer Carmen, que no es mala radiografía de la España de finales del siglo XIX”.

Para finalizar, pedimos consejo al Dr. Basozabal, Profesor de Derecho Civil en la Universidad Carlos III de Madrid y experto en música; ¿cómo enfrentarse por primera vez a una ópera?: “en primer lugar conviene saber que este género surge a principios del siglo XVII como una obra de arte total, en la que se unen la fuerza de la palabra (de la poesía y del teatro) con la música. Con el paso del tiempo –y concretamente, a partir de Mozart–, el componente “literario” pierde importancia y pasa a un primer plano el entretenimiento: se trata de divertir al público. En cualquier caso, para seguir bien cada historia –sugiere– conviene haberse familiarizado previamente con el libreto.